Oleo sobre lienzo pintado a mano, copia del original.
Medida aproximada: 60cm x 50cm.
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La escena se desarrolla en un limitado interior, apreciándose en primer plano una cortina descorrida que nos permite contemplar la escena. Una amplia ventana en la izquierda de la composición permite penetrar un potente foco de luz que provoca contrastes lumínicos, como si diluyese los contornos. La escena la protagoniza una mujer que está de perfil y lee atentamente la carta que tiene entre las manos, reflejándose ligeramente su rostro en el cristal de la ventana.
Se han considerado que la presencia de la ventana abierta indica el deseo de la dama por abrirse al mundo exterior o permitir que su hogar se llene de elementos ajenos a él.
En la época, las esposas estaban aisladas de ese mundo exterior, según las rígidas normas sociales existentes entonces. La bandeja de frutas sobre el tapiz oriental se ha interpretado como un símbolo de la relación extramatrimonial ya que las frutas son manzanas y melocotones, recordando al pecado de Eva. Los estudios radiográficos han puesto de manifiesto que en un primer momento se situó en la pared un cuadro con un Cupido que señalaría la carta de amor que lee la mujer, reforzando la idea del amor extraconyugal. Una escena similar se repite en la Mujer de azul leyendo una carta del mismo pintor.
Cuando Vermeer pintó esta obra su situación económica no era muy boyante ya que tuvo que solicitar un crédito de 200 florines.
Este cuadro fue atribuido a varios pintores, como Rembrandt, Govaert Flinck y Pieter Hooch, antes de serle atribuido, en 1862, a Johannes Vermeer.