Oleo sobre lienzo pintado a mano, copia del original.
Medida aproximada: 60cm x 50cm.
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COMENTARIO DE LA OBRA
Aparece la figura de San Juan Bautista de medio cuerpo, bastante diferente a la temática clásica. Puede considerarse una pintura enteramente autógrafa. Parece ser que cuando Leonardo pintó el cuadro, ya sufría la parálisis del brazo derecho, lo que pudo mermar su habilidad, pero no la intención con la que pintó el óleo. Está envuelto en sombras y la expresión es lánguida y ambigua, típico de Leonardo. La enigmática sonrisa del profeta apunta, igual que su dedo, a la cruz que sostiene en alto. Es una de las pocas ocasiones en la obra de Leonardo donde un fondo uniformemente oscuro ha sustituido a los proverbiales paisajes del pintor.
Esta tabla fue heredada por Salaí, un apuesto delincuente, Gian Giacomo Caprotti da Oreno, quien entró en su hogar alrededor del 1488 a la edad de 10 años, llegando a convertirse en su sirviente y asistente. Aunque debió de ser vendida por sus herederos ya que Jabach se lo cedió a Luis XIV y de allí pasó al Louvre.