Oleo sobre lienzo pintado a mano, copia del original.
Medida aproximada: 60cm x 50cm.
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COMENTARIO DE LA OBRA
Esta obra fue realizada durante su estancia en Tahití en al año 1892. Los habitantes del distrito de Mataiea donde él vivía eran católicos, en lugar de protestantes como en el resto de la isla, por lo que Gauguin se pudo inspirar en la devoción indígena para pintar esta escena de carácter religioso, pintando a Jesús y María “tahitianos”. De nuevo, recurre a una visión; en este caso, dos mujeres tahitianas que aparecen en actitud de oración observan, producto de su devoción, a María y al Niño Jesús, por supuesto también representados como indígenas. Se trata de una obra muy querida por el autor.
Tras las devotas, ha sido pintado un ángel con las alas replegadas.
Con un paisaje exuberante y un amplio colorido en primer plano, aparecen unas frutas en una especie de cuenco, contrastando con la vestimenta de las tahitianas y el paisaje.
El primitivismo de las figuras, con pies grandes y rostros con rasgos muy marcados, era lo que el pintor llevaba buscando mucho tiempo, aportando buenas dosis del Simbolismo que le caracterizará.
A partir de este momento, los intereses de Gauguin se orientarán cada vez más a la mitología y a las leyendas maoríes.